Eduardo Gómez Bodden
(Julio 1935 – Agosto 2024)
"Una vida entera dedicada al banano"
Eduardo Gómez Bodden
(Julio 1935 – Agosto 2024)
"Una vida entera dedicada al banano"
Quien haya conocido a nuestro fundador, don Eduardo Gómez, sabrá que no mentimos. Nadie que hubiera coincidido y conversado con él podría debatirnos. Era un caballero y un líder: empático, amable, considerado, generoso, y agradecido.
Fue su carisma y su bondad lo que siempre le caracterizó y le abrió puertas en una industria tan compleja como la bananera. Preocupado por las necesidades de sus trabajadores, brindando un trato justo a colaboradores y clientes, y dando su mayor esfuerzo en el día a día.










Un apasionado por la producción bananera
Don Eduardo nació en un hospital de la bananera United Fruit Company (después conocida como Chiquita Brands), fue a una escuela de esa misma bananera, conoció a su esposa en la bananera donde eran vecinos, y dedicó 40 años de su vida al servicio de esa compañía antes de convertirse en productor independiente y en presidente de la Corporación Bananera Nacional (Corbana).
Nace en 1935 en Puerto Castilla, Trujilllo, Honduras, de padre colombiano y madre de origen inglés pero nacida en Roatán. Su padre trabajaba para la bananera.
A los 4 años se traslada con su familia a Golfito, Costa Rica, debido al puesto de su papá. Allí vive hasta tercer grado de la escuela.
Posteriormente, se mudan a Almirante en Bocas del Toro y luego a Puerto Armuelles, ambos en Panamá, donde continúa la escuela hasta su graduación en el 48.
A los 13 años empieza a trabajar en Chiquita Brands como mensajero de contabilidad.
Mientras tanto, cursa la escuela secundaria en una institución estadounidense por correspondencia.
Obtiene el título de contador en la International Corresponde School.
En 1955, mientras estudiaba contabilidad, se casa con doña Beatriz y forman un hogar.
Con la llegada de las computadoras, la empresa lo envía a estudiar Programación de Sistemas con la IBM en San José.
Lo trasladan de Panamá a Costa Rica para trabajar en la empresa Servicios Electrónicos de Datos y Ciencias Administrativas (SEDCA), parte de la United Fruit Company, desde donde computarizaba la contabilidad de las fincas bananeras
Lo transfieren en el 75 a Numar como Subcontralor Regional de sus subsidiarias y luego como Gerente Financiero.
Cursa el programa de Alta Gerencia del INCAE en Nicaragua.
En el 81 lo nombran contralor de Cobal (Compañía Bananera del Atlántico).
En el 83 y 84 atiende el cierre de la división bananera en Golfito.
En el 88 nace su sueño de ser productor independiente y comienza a planear el proyecto para después de que se jubile.
En el 89 compra las primeras 230 hectáreas a 85 personas en 28 Millas de Batán, Limón
En el 90 se jubila tras 40 años de trabajo dedicados a la compañía bananera.
En el 91 empieza a hacer los drenajes para poner a operar la finca, pero se ve afectado por el terremoto en Limón que daña la zona y retrasa el proyecto.
En marzo del 92 comienza, por fin, a producir banano y funda Coriban (Costa Rica Banana), junto a otros 17 productores independientes.
En 93, 94 y 95, en plena crisis del mercado europeo, se ve obligado a vender por consignación y sufre muchas pérdidas económicas.
En 96, 97, 98 y 99, logra vender su producción a Dole de la Standard Fruit Company.
En el 2000, le vende la fruta a Caribana y en el 2001 a Bandeco (Del Monte).
En el 2002, crea Rumisel, junto con otros productores, para vender a clientes europeos directamente. Esta estrategia fortaleció su empresa y la posicionó como un actor líder del sector bananero en Costa Rica.
Al conocer el detalle de los hechos, se puede entender por qué nuestra empresa se llama Grupo Esfuerzo; precisamente fue ese valor, el esfuerzo, lo que marcó la vida y la carrera de don Eduardo. Nunca tomó el camino fácil, siempre hizo lo correcto.
Un padre ejemplar
¿Cuál fue la clave del éxito de don Eduardo? Podríamos decir que su por qué. Lo que le motivaba a trabajar con ahínco y compromiso, primero como empleado y luego como empresario, siempre fue su familia: dejar un legado y un respaldo económico que pudieran garantizar la tranquilidad y prosperidad de los suyos aun cuando él ya no estuviera aquí. Él demostró, con su vida, que el bienestar de las personas y la unión de la familia van primero. Le encantaba compartir con sus tres hijos, seis nietos y trece bisnietos, y que se reunieran con frecuencia. Esa era su mayor alegría.
Un hombre de palabra
Pero si tuviéramos que resumir todas sus virtudes, como empresario o como padre, en una sola frase, diríamos que don Eduardo era verdaderamente “un hombre de palabra”. Las mayores lecciones que dejó a sus descendientes, colaboradores, clientes y amigos tienen un punto en común: cumplir con lo prometido. Honrar los tratos. Fue su palabra la que construyó una reputación intachable que lo trasciende.